lunes, 5 de septiembre de 2016

La actividad teatral de Antonio Garrigues Walker en el mundo amateur

Antonio Garrigues Walker junto a Nuria Espert. 
Transcribimos el artículo firmado por Antonio Garrigues Walker, aparecido en el número 4 de la revista ARTESCÉNICAS, editada en junio de 2016 por la Academia de las Artes Escénicas de España (sección “NADA personal”, página 74). Garrigues Walker ha desarrollado toda su actividad teatral en el mundo amateur.


Una de romanos, por Antonio Garrigues Walker

De mi perversa y profunda dedicación al mundo del teatro tienen la culpa, -además de yo mismo- mucha gente buenísima, gente gloriosa. Mi madre, americana, Hellen, que murió demasiado joven y me legó algo de su buen ánimo, su positividad, su fuerza. Mi padre, viudo muy joven, que además de un jurista que revolucionó y modernizó la profesión de abogado en España, supo mantener toda su vida una curiosidad intelectual indomable y una relación permanente con la vida cultural nacional y extranjera. Él me permitió conocer nada más y nada menos que a Rafael Alberti, cuando ambos vivían –mi padre como Embajador en la Santa Sede- en Roma. Por razones políticas no podrían tener muchos contactos personales y a mí se me pedía que llevara a la Via Garibaldi 88, una bebida y un alimento que Alberti gustaba y echaba de menos: el anís y el chorizo. Conocerle fue para mí un dato muy significativo e incluso decisivo, para mi sensibilidad y mis inclinaciones artísticas.  Guardo con especial afecto uno de sus maravillosos poemas pintados. Otra clave fue sin duda José (Pepín) Belló, un ser humano excepcional que ocupó un lugar peculiarísimo y fascinante en la Residencia de Estudiantes por su empatía con todos los genios que allí habitaron, y entre ellos Lorca, Dalí y Buñuel. Pepín supo manejar, con el exquisito cuidado que se requiere, las vanidades y las inquietudes de aquellos personajes y de todos ellos me habló “in extenso” en un largo viaje en coche que hicimos juntos de Madrid a Venecia, porque era la única ciudad extranjera que le interesaba conocer. Fue para mí una experiencia única porque llegué a profundizar tanto en la gloria y el poder creativo como en el lado humano y también en el lado oscuro de gentes que han vertebrado y enriquecido al máximo la cultura española.

Yo empecé a escribir poesías y a dibujar –tengo publicado un libro de dibujos- desde muy joven pero mi entrada en el mundo del teatro tuvo su origen en una reunión internacional en los Estados Unidos en donde, concluidos los debates, se representó una obra de teatro de “romanos”, para que hubiera muchos “papeles”, en los que los asistentes teníamos que hacer de espectadores y también de actores. Volví a España con la idea de hacer algo similar y escribí mi primera obra con el título “Oda para que las mujeres sean bellas, buenas, fértiles y fecundas”. Desde entonces hasta ahora he presentado y dirigido más de cincuenta obras y estoy enfrascado en la próxima que lleva como título provisional “A la luz de la incertidumbre”, que va a tratar del desconcierto y el miedo de la condición humana ante unos avances tecnológicos y científicos que nunca llegará a conocer del todo.

Toda mi actividad teatral se ha desarrollado en el mundo amateur. Todos mis actores y actrices pertenecen a ese mundo y lo mismo sucede con los escenógrafos – a los que aún se da poco valor en nuestro país- que han creado escenarios realmente impresionantes con muy escasos medios.

La idea “filosófica” –ya sé que es presunción- reside en el convencimiento de que en el mundo del arte pueden y deben existir y coexistir lo profesional con lo amateur, al igual que sucede, por ejemplo, en el mundo del deporte. A ello se añade que la compaginación de la vida del trabajo con la de la creación artística rompe el tedio que genera la rutina de la vida unidimensional y mejora el funcionamiento de la parte emocional de nuestro cerebro. ¡Y además divierte!

Todas estas ideas están ya en la ciudadanía española, -y el número creciente de grupos y artistas amateur lo demuestra- pero aún quedan restos de pudor y de miedo al ridículo que habrá que diluir con paciencia.