domingo, 20 de diciembre de 2009

¿Qué pasa con el teatro aficionado en Zamora?

¿QUÉ PASA CON EL TEATRO AFICIONADO EN ZAMORA?

El espectador Nacho Domínguez Durán, desde su blog http://www.elsexodelsol.blogspot.com/ se hace esta pregunta después de asistir a varios espectáculos de teatro aficionado el pasado mes de septiembre en el Teatro Principal.

Deseamos responder públicamente a su pregunta como parte implicada que somos: CONTRA·TIEMPO·TEATRO, que lleva desarrollando su quehacer teatral los últimos 10 años en la capital, convencidos como estamos de la utilidad artística y cultural del teatro para la comunidad a la que se dirige y de la que parte.

Las instituciones, responsables de facilitar las condiciones para que tanto el teatro como cualquier otra manifestación artística o cultural puedan llevarse a cabo
No facilitan espacios (locales) donde ensayar, realizar decorados, guardarlos, etc.
No proporcionan cursos para la formación de actores, directores, iluminadores, etc.
No organizan circuitos, ni en los pueblos de la provincia ni en los barrios de la capital, donde representar los espectáculos.
No dota ni a unos ni a otros de espacios escénicos.
No convocan un certamen provincial de teatro aficionado como en otras ciudades.
Y, por fin, arruinaron el Certamen Nacional de Zamora, que se celebró durante tres años con éxito de público gracias a la participación de Caja Rural y a la competencia profesional de Feliciano Ferrero.

Por el contrario desde la Jefatura política de la Delegación Territorial de Cultura:
Se distribuyen los escasos recursos entre los grupos teatrales en forma de favores, o sea, a dedo.
A dedo se designa el grupo que ha de representar a Zamora en el Certamen Regional de Teatro Aficionado (2.000 € por participar)
A dedo se incluyen, y excluyen, los grupos que entrarán en tal o cual programación que ocasionalmente organiza la Delegación Territorial de Cultura.
Con el mismo dedo se excluye de cualquier convocatoria, incluso informativa, a quienes denuncien o critiquen pública o privadamente estas prácticas.
Lo cual conduce a la aparición de una red clientelar en torno a quien distribuye las prebendas (¿o se trataba de eso?)

Y como ya no importa la calidad de los espectáculos si no el favorecer a la clientela política, se procede al ninguneo y a la marginación (se tacha de la lista) al que, como nosotros, intente practicar un teatro crítico e independiente, y por lo tanto, vivo.

De esta política cultural, propia de censores, resulta una forma de teatro, o sálvese quien pueda, servil al Poder y artísticamente nula o en el mejor de los casos mediocre, que apaga cualquier interés en el público por el teatro y termina por vaciar las salas.

Esta forma de control cultural ejercida por políticos formados en la dictadura, en la que medraron, supone de hecho la ruina del teatro.

A nosotros nos queda seguir resistiendo y esperar que, con suerte, los jubilen que va siendo hora, aunque solo sea para lavar la fachada ¡que ya está bien señores demócratas del Partido Único!

Y en fin, esto es lo que pasa en el teatro aficionado de Zamora.

Texto remitido por Carlos Martín Azcona