sábado, 28 de junio de 2008

Reflexiones sobre el teatro aficionado (y 4)

Reflexiones sobre el teatro aficionado (y 4)

4) La cruda realidad

Las compañías de teatro aficionado se vuelcan en dar lo mejor de si mismos, a costa muchas veces de aportaciones económicas personales, a fondo perdido. Está bien que los grupos de teatro no tengan provecho pecuniario. Así son por definición. Pero otra cosa es pedirles que se embarque en apuestas económicas que resulten claramente deficitarias a corto y medio plazo.

Si al menos existiesen redes, como existen en el teatro profesional, que acogieran y promocionaran a las compañías de teatro aficionado... esta podrían mostrar su trabajo y recuperar al menos lo invertido. Pero casi nunca es así. Para evitar sangrías económicas los grupos se ven abocados a hacer “teatro pobre” en recursos y medios. Muchas veces esta carencia de medios va en detrimento del resultado final. El espectáculo que al final llega al espectador es incompleto, y en cierto modo imperfecto. Y esto el espectador, aunque sea novato o poco informado, lo nota, lo siente e incluso lo sufre.

Los grupos de teatro aficionado son los hermanos pobres del mundo de la creación artística y de la cultura. Por regla general las instituciones publicas se desentienden de este tipo de teatro, prefieren el teatro espectáculo que nos acerca a las celebridades de las series televisivas de turno o nos apabulla con un gran despliega de medios que pretenden adornar u ocultar lo que a veces solo es un pobre trabajo de los actores mal dirigidos.